domingo, 17 de julio de 2011

mundos interiores

-¿Por qué nunca te abres?- le inquirió ella, cambiando radicalmente de tema.
Era una apacible tarde de verano. Se encontraban tumbados tranquilamente en una explanada, bajo unos árboles. Era su lugar favorito al que iban muchas veces a charlar, hasta que una idea que le llevaba rondando mucho tiempo por la cabeza surgió espontáneamente y la arrojo sin pensar.
- ¿Cómo? – dijo él. Se encontraba tumbado con los brazos detrás de la cabeza a modo de almohada, y se volvió hacia su amiga con una sonrisa.
- Sí, lo que has oído.
- Bah, tonterías, soy lo que ves. ¿Has visto que buen día hace hoy? – le contesto él en tono jovial con una sonrisa.
- ¿Ves? Ya me estas cambiando de tema. Siempre estás sonriendo y pareces un niño en ese aspecto, pareces fuerte, pero creo que llevas una máscara.
Se hizo el silencio. Su rostro cambio por completo, y se quedó pensativo. Parecía que a ella no la podía engañar, de todas formas no tenía sentido. Ella había conseguido ganarse su confianza, y su penetrante mirada desmontaba su armadura por completo. Era la virtud que más odiaba de ella, la capacidad de mirar directamente a su interior, a su alma, y no sabía cómo protegerse de eso.
- Bah, suposiciones- dijo con la mirada fija en el horizonte.
No se podía arriesgar a mirarla a los ojos, sabía que los trucos que aplicaba normalmente contra la gente no iban a funcionar, que ella iba a averiguar la verdad. Fue un intento a la desesperada, aunque suponía que no iba a funcionar.
- Venga ya…- le dijo en un tono enigmático- tú no eres así, se perfectamente que solo estás haciendo un papel.
- ¿A qué viene eso?
- No, yo no digo nada, solo digo que puedes confiar en mí.
- Eres la persona en la que más confío, la que más me conoces, aunque no lo creas o lo valores.
- Por eso precisamente sé que hay más de lo que veo a simple vista – le dijo ella en tono amigable mientras sentaba más cerca suyo. – sabes que conmigo no puedes fingir tu papel para siempre
- ¿Un papel eh? – Dijo con una sonrisa cansada- ¿Quieres saber cómo soy por dentro, no? ¿Quieres que me abra y que conozcas mi paisaje interior?
- Pues mira, la verdad es que si, no hace falta que tengas miedo.
- ¿Para qué? Puede que estés  acostumbrada a que la gente se abra hacia ti y que te cuenten todo, pero no, yo no.
- Tú veras entonces si prefieres mantenerte así, con ese papel.
- Créeme, es lo mejor para los dos- dijo con amargura- no me gusta ir abriéndome. ¿Para qué quieres que me abra? ¿Quieres descubrir lo que hay dentro mío, mis miedos y como soy en realidad? ¿Para qué? Esto no es ningún juego. Me abriré y después te iras, como haces siempre. Hace tiempo descubrí que no vale la pena abrirse, pocas personas se quedaran siempre a mi lado. No vale la pena abrirse, desnudarme y que después desaparezcas.
Vaya… así que es eso. Parecía que su amigo tenía miedo al rechazo, a quedarse solo. Miedo al abandono, por eso nunca se abría del todo a las personas, para minimizar los daños. Tampoco valoraba demasiado a las personas, para evitar cogerles afecto, y cuando por fin parecía que conectaba con alguien o estaba empezando a ser demasiado importante, la echaba de su vida. Había echado de su vida a todas las personas que le habían querido.
- Yo… Veras… Yo no te voy a abandonar, te lo prometo. No voy a desaparecer de tu vida, no tengas miedo.
- ¿Entonces quieres saber cómo llueve aquí dentro no?
¿Cómo? Esa  frase la desconcertó. No sabía muy bien a que se refería. Parecía siempre un niño feliz, radiante y lleno de vitalidad. Pero también era cierto que ella había intuido otra parte suya más oscura. Muchas veces le había sorprendido con la mirada perdida en el horizonte, más en sus pensamientos que en el mundo real y cuando se daba cuenta de que le estaban observando y le preguntaban en qué pensaba siempre respondía: “¡Nada! ¡Estaba a lo mío!” Eso debía ser para desviar la atención. Estaba demasiado a gusto en su caparazón.
- Si –dijo- llévame a ver tu paisaje interior.
- Vamos ven, adéntrate.- le invito él.
La visión de lo que vio allí la sobrecogió y paralizo a la vez. Ella estaba acostumbrada a ver todo tipo de paisajes interiores. Los había visto de todo tipo, desde los paisajes más modestos formados por chalet de baja estatura típicos de la gente que no tenía grandes ambiciones y que simplemente eran felices con lo que tenían, hasta los grandes soñadores y optimistas, los cuales tenían esplendidos rascacielos tan altos que daba vértigo mirarlos. Sin embargo este paisaje era diferente… Era un paisaje extraño. Nada más adentrarse lo primero que notó fueron las frías gotas de lluvia que empezaban a recorrer su cuerpo, pero lo más chocante era que al levantar la vista hacia el cielo no había nubes, sino un espléndido sol  que cegaba a la vista, y que se dejaba sentir en su cuerpo en forma de calor.
Se quedó pensativa… era una bonita dualidad, pensó. Pero sabía que la gente normal solo era capaz de ver el espléndido sol, y que la lluvia se la reservaba para él.
- Bueno, ya estás aquí dentro, ¿Qué te parece?
De repente, volvió a notar que no se podía mover, todo aquel paisaje la sobrecogía, pero la visión de su amigo fue demasiado. Una honda ola de tristeza empezó a abrumarla. La sola visión de su amigo ahí solo, empapado bajo la lluvia, era demasiado para ella. Un gran instinto protector surgió de ella y corrió hacia él, le abrazo, y saco un paraguas para protegerle de la lluvia, al tiempo que le proporcionaba calor con su presencia.
- Porque… ¿por qué has elegido este camino? No te entiendo… ¿Cómo has aguantado todo este tiempo así?
- Hacía mucho tiempo que no entraba nadie aquí y la última persona que entro aquí parece que no le importó que me abriera, simplemente desapareció. No le importo nada, o no se dio cuenta, ¿Perdí una balanza sabes?
Ella se acercó más a él
- Tranquilo, no estás solo… no hace falta que sigas así…
- No quiero preocupar a nadie, necesito ser fuerte. No hace falta que sigas a mi lado si no quieres, lo entenderé si me abandonas.
- No seas tonto… no me voy a ir, no tengas miedo. Protégete debajo de mi paraguas.
Mientras él se empezaba a encontrar más a gusto, a resguardarse en ella, y a sentir algo de calor, ella no pudo evitar  seguir echando un vistazo a su paisaje interior. Le llamaba la atención la altura de los edificios, eran… Como decirlo, excesivamente altos. Nunca los había visto de ese tamaño. Sabía que su amigo era un gran soñador y aunque tuviera todas las estadísticas y posibilidades en contra siempre seguía sonriente y optimista, incluso insuflaba ese ánimo a los demás, a menudo consiguiendo él mismo y a quien animaba lo que querían. Pero sus edificios eran distintos, estaban sustentados en el aire, no tenían base, no había cimientos sólidos. Supongo que en ese sentido era idealista como un niño pequeño
- ¿Cómo lo haces? ¿Cómo lo haces para ser tal y como eres teniendo estos edificios tan altos sustentados en el aire? ¿De donde sacas tu coraje y tu alegría? Parece como si les faltara confianza, aunque en este caso externa, no interna.
- Mira…- dijo él, sonriendo- Aquí viene la mejor parte- levanto la mano, señalando el horizonte.
Ella levanto la mirada en dirección a la que le señalaba la mano. Se tuvo que apoyar, la contemplación de esa visión hizo que de repente se le iluminara la cara. Eso nunca lo había visto.
- Esa es la mejor parte – explicaba con una sonrisa en la cara- el arcoíris que se forma entre el constante sol y la incansable lluvia.- dijo él, deleitándose con el paisaje.
Razón no le faltaba, pensó ella. Estaba empezando a disfrutar de aquella preciosa estampa.
- ¿Y qué significa el arcoíris?
- Eso tendrás que pensarlo tú- le dijo él mientras le acariciaba el pelo de forma amistosa como se lo haría a un niño pequeño.
Sonrió, su amigo siempre se hacia el enigmático.
- Vaya, creo que esta sensación es inmejorable. Por fin puedo disfrutar del espléndido sol y del mágico arcoíris, sin estar mojado. Me gusta que estés a mi lado en forma de abrigo cubriéndome con tu paraguas.- le dijo a su amiga.
Su semblante había cambiado, parecía que ahora su amigo se encontraba mucho mejor, aunque la gente le siguiera viendo igual. Entonces ella sonrió, se recostó sobre él, y contestó:
- Creo que necesitabas más a alguien de lo que tú te pensabas… 

jueves, 30 de junio de 2011

reyes del absurdo

No me mola nada el rollo que estoy viendo últimamente por los blogs… la mayoría de personas se lo han tomado muy a pecho. Con esto me refiero a que ahora parecen las típicas locas desaforadas que han visto que una cosa se pone de moda y empiezan a escribir. Bueno, no está mal pensareis. Pero lo que me pone nervioso son la cantidad de mierda que pueden llegar a escribir sin que lo sepan, creyéndose ahora todos escritores por poner un escueto párrafo en que el reflexionan sobre cosas tan banales como el amor. El amor si, un tema banal por lo menos si lo consideramos desde su punto de vista, ya que leyendo semejantes artículos así es como lo deben entender ellos, unos pobres ilustrados que con un argumento de seis líneas se creen poco menos que Becquer. Además, se deben creer que están poco menos que en una competición, ya que como mínimo van a entrada por día, cosa que no estaría mal, pero me irrita ver como escriben cuatro líneas y se quedan tan anchos, escribiendo sobre cosas que no sienten, cosas que las dicen de forma bien expresada, pero que en realidad nunca ha pasado por el filtro de su conciencia ni por su corazón, en definitiva, no sienten de verdad lo que escriben, no está dicho con la voz de la experiencia.  Entrar en razón, no más textos vacíos por favor.  Pero yo no me altero, sé que todo esto es una moda pasajera, como la que le da a veces a la gente con las cámaras réflex, creyéndose fotógrafos sacando fotos ladeadas de paisajes

domingo, 26 de junio de 2011

equilibrios imposibles

Toc toc- oyó.
De inmediato se levantó a abrir la puerta. Nadie, no había nada. Se volvió a tumbar, extrañado. Toc toc- volvió a escuchar.
Pero esta vez no se iba a levantar, recordó esa agónica sensación, esa sensación que tantas veces había sentido y que por desgracia, creía haber desterrado pero que en el fondo, estaba deseando que volviera, se sentía desnudo sin ella.
-¿Si? –pregunto, temiendo la respuesta.
-Soy yo, tu Orgullo.
-Ya, ya sé quién eres…  ¿Qué quieres? ¿Por qué vuelves?
-¿De verdad hace falta que te responda a esa pregunta? Eres tu quien me ha llamado, aunque no lo creas.
Orgullo tenía razón, lo echaba de menos y aunque se había acostumbrado a estar sin él, lo echaba de menos, se sentía inferior, vacío.
-¿Por qué vuelves?  Contigo he vivido muchas cosas… Pero muy pocas buenas. Tú no me quieres, tú solo te quieres a ti mismo. Pareces preocuparte por mí, pero en realidad solo buscas preservarte a ti mismo a toda costa, a cualquier precio. He perdido incluso amistades por ti, tenía miedo de despegarme de ti, de dejarte de lado, pero por fin lo conseguí. Asi que, dime, ¿Por qué vuelves?
-No he venido solo – contesto a modo de respuesta- he venido con Amor Propio.
Un pinchazo recorrió su cuerpo...  Hacía mucho tiempo que tampoco hablaba con Amor Propio, al que de verdad echaba de menos, pero que a menudo iba de la mano con Orgullo.
-Vaya…
-¿sabes por qué hemos venido no?
-Por favor dejarme… Solo podríais darme malos consejos y echarlo todo a perder…
Amor Propio se acercó, tocándolo e insuflándole de nuevo su esencia. Había olvidado esa sensación, una chispa se extendió ferozmente por su cuerpo, dotándole de calidez.  Adoraba esa sensación, la de no caer ante nadie, la de no tener miedos, la sensación de no sentirte inferior a nadie y sobre todo la sensación de quererse un poco a sí mismo. Fue entonces cuando recordó sensaciones no tan lejanas como él creía.
-Yo…-dijo titubeando- ¿Por qué me abandonasteis?
-Nosotros no nos fuimos… Nos echaste.
-Mierda…-dijo secándose una lágrima, a pesar de todo, una parte de orgullo seguía intacta en él, pero su respiración se empezaba a entrecortar- No sabía… Nunca imagine que iba a ser tan duro… Se suponía que no iba a ser así.
Se quedó pensando, recuperando la compostura.
-Actuabais de forma egoísta… Nunca contabais con Mente y Corazón ¿Sabéis lo atormentado que estaba? ¿Lo que me atormentaban ellos por la noche?
- ¿Y hacia donde te han llevado ellos? ¿Te has parado a pensar? Desde que nos dejaste de lado solo has ido a peor… Mírate, das PENA. Lo aceptaríamos si esa persona valiera la pena… Pero ambos sabemos las dudas que te corroen, esas dudas que te hacen plantearte si estas en el camino correcto, si esa persona vale la pena, si vale la pena a todo lo que has renunciado… ¿acaso ahora puedes dormir? No puedes hacerte amigo de melancolía, proporciona compañía, pero su compañía es envenenada.
Se paró a pensar. Orgullo le conocía mejor de lo que él creía. Esas dudas le habían corroído durante mucho tiempo, impidiéndole pensar con claridad, como unas nubes negras tapando un espléndido sol de verano. Esas dudas que hicieran que su mirada se perdiera en el horizonte, con la mirada abstracta, perdida en el infinito vacío, perdida en el incomprensible y caótico laberinto que formaba su mente, su lugar preferido en el que perderse.
Orgullo volvía a la carga
-Ambos lo sabemos… Todos esos momentos con la mirada perdida en el horizonte, ambos sabemos en lo que estás pensando. Has podido callarme durante mucho tiempo, pero esto se estaba haciendo insoportable. No podía estar más tiempo viéndote de esa forma. Sabes lo que opina la gente, tú nunca habías sido así, nunca habías actuado de esa forma… Pero cuando una balanza no está equilibrada, surgen los roces. Y Esta balanza básicamente no está equilibrada,  ya que siempre ha habido una persona que ha puesto más que la otra, y eso rompe la armonía.
Él se quedó callado. Sabía que en el fondo Orgullo y Amor Propio tenían razón. Muchas veces sentía que él ponía más de su parte… Que su plato de la balanza estaba más cargado, y que él tenía que cargar con más peso, ya que de otra forma, dicha balanza con esa persona no existiría, o eso pensaba, ya que tenía miedo de si a esa persona le importaría la existencia de dicha balanza, o simplemente fuera una más de su colección, una balanza intercambiable como los cromos repetidos de un niño pequeño. Su parte de la balanza estaba perfectamente decorada, exquisitamente ornamentada, milimétricamente cuidada, y en constante revisión. Ahora, ¿La otra parte? ¿Sería capaz de compensar su parte de la balanza si él quitaba peso? Para él era un misterio, como la cara oculta de la luna, de todas formas nunca se había atrevido a ir a observarla, no tenía agallas. Tenía miedo de la respuesta, prefería vivir feliz en la más absoluta ignorancia, como los niños pequeños. Le faltaba Valor, que corría a esconderse a menudo cuando más lo necesitaba
-No se… Puede que tengas razón, pero que una persona no actúe de la forma correcta no significa que yo tenga que actuar de la misma forma, eso es precisamente lo que nos diferencia.
- Si pero… ¿Pero dónde están tus ideales? Esos principios de los que te jactabas de seguir, dime
Se quedó pensando… las sensaciones se estaban haciendo insoportables, se estaba ahogando, necesitaba escapar, se sentía  en una sauna y le faltaba el aire, necesitaba una bocanada de realidad. Sin embargo, renuncio a huir. Sabía que era el momento, ahora o nunca, necesitaba escuchar, reflexionar, tomar una decisión y dejar de huir de sus miedos interiores, de sus problemas. Llevaba demasiado tiempo tomando ese camino, se acabó.
…¿cuantas veces me has dejado de lado? -seguía hablando Orgullo- ¿cuantas veces me has tragado? Ahora pregúntate…  ¿Cuantas veces se ha tragado esa persona su orgullo? ¿Yo soy menos que su orgullo? O lo que es lo mismo…  ¿Somos tu y yo menos?  Tienes espaldas anchas, nadie lo duda… pero creo que ya has cargado demasiado peso durante demasiado tiempo. Hemos venido a ayudarte, a liberarte de la carga, no tengas miedo, estas con nosotros, de eso puedes estar seguro. Quererte a ti mismo es fundamental, ya que eres la única persona que pasaras toda la vida contigo, la única persona que no te abandonaras jamás  y cuando  caigas, cuando desistas, sabes que nos tienes a Cojones, Amor Propio, Estima, y esas amistades que conservas bajo llave, de las cuales nosotros mismo tenemos prohibida la entrada. Esas balanzas de valor incalculable, de las cuales han resistido y resistirán cualquier envite, porque las dos partes sabéis que aunque os cueste la vida, seríais jodidamente capaces de aguantar con todo el peso, lo que sea por un amigo. Porque sabes que cuando te hundes, que cuando te estas ahogando, tendrás ese punto de apoyo. Todos necesitamos un punto de apoyo diferente a nosotros mismos, ya que es imposible cuando te ahogas  levantarte a ti mismo tirando de la cabeza hacia arriba, simplemente, te seguirás hundiendo. Pero con tus amigos  de verdad no.
Vaya… Orgullo estaba sacando todo su arsenal.
-Aférrate a nosotros-siguió Orgullo- danos la mano, no tengas miedo, te he dicho que no te dejaremos solo.
- Pero tengo miedo… No quiero quedarme sin esa persona, ¿qué pasa si esa persona no equilibra su parte de la balanza? ¿Qué pasa si le da igual y me quedo sin esa persona?
-Entonces nada habrá tenido sentido.
-Puede que tengas razón, pero… ¿Cómo sabré lo que piensa esa persona?  ¿Se dará cuenta? ¿Complementara la carga? ¿Demostrara el mismo interés que yo?
-Eso amigo mío, solo hay una forma de saberlo.
 Fue entonces cuando se agarró a ellos, y decidió dar una patada a la mayoría de la parte que hundía su plato de la balanza, mientras se quedó expectante mirando el resultado…